Abrí mi abismo frío y solitario, mal llamado cama,
y me acosté refugiándome en el abrazo de sus mantas.
Mi boca apestaba a alcohol tras una noche azarosa.
Mi boca apestaba a alcohol tras una noche azarosa.
Me sentía tan solo pero ella estaba a mi lado
y la agarré en un dulce e intenso abrazo infantil.
La sentía suave...
pero aún así era complicado sentirse cómodo con ella.
Deshice el abrazo y me di la vuelta,
con un ligero gesto de enfado.
Dormí aquella noche sintiendo la frialdad
que emanaba su tacto en mi espalda
mientras nuestros rostros miraban en direcciones opuestas,
peleados mi almohada y yo por la incapacidad de entendernos.
Josseph

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