jueves, 6 de noviembre de 2014

Ruinas


Hoy mi casa está en ruinas,
mi esperanza está sin lavar 
con el montón de trastos
apilados en la pileta y
mi corazón amontonado
con la ropa sucia.
Tu nombre se fue desvaneciendo,
con el frío de la noche
y mi ilusión se fue empolvando,
porque estaba a ras de suelo.

Mi ánimo bajó los brazos, 
se tendió sobre la cama
y detrás de la ventana
desdeñó los días soleados
y el canto de las aves.

La indolencia y el desgano
hicieron tierra fértil en tu ausencia
y creció una enorme enredadera
que no da ni flor ni fruto,
cubriendo la enorme pared
que edifiqué en tu nombre.

Mi casa se convirtió en un campo yerto,
donde no se oye el eco de tu voz
ni de tu risa,
y sin el olor dulce y azul de tu perfume.
Las mariposas de colores fueron muriendo,
y se quedaron en el suelo como hojarasca
y en su lugar, germinaron de la podredumbre
animales ponzoñosos pasando 
de la miel al veneno.

La casa no soporta estar sin ti
como el campo no soporta
estar sin la primavera.
Mi casa se quedó en un día frío de llovizna,
sin tu ternura.
Por todas las goteras,
se meten las lágrimas
que aún no he derramado.

El piso frío, sin el barniz de tus pies 
pequeños, en una humedad verduzca,
junto con mi tristeza hicieron hongos,
y en lugar de la ambrosía de tu voz,
corren las esporas del silencio profundo.

Hoy la casa está más triste que nunca.
Hoy la casa, mi corazón y mi locura,
te extrañan desesperadamente.
Mi alma quedó como una ciudad sitiada
en la que ya no quedan ni perros callejeros,
hoy la casa ya no es casa,
hoy la casa está en ruinas.



Josseph



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